Argentina, las drogas y el primer mundo
• por Cecilia C. Sosa
En la Argentina de hoy se entrecruzan una cantidad inimaginable de discursos políticos, científicos, económicos. Algunos son socialmente aceptados, otros como la legalización del aborto y la despenalización de la tenencia de estupefacientes para consumo personal carecen de privilegio alguno, incluso se presentan a la sociedad civil como temas difíciles de nombrar al menos en voz alta. Cabe preguntarse por qué con el correr del tiempo estas cuestiones no menores se han ido instalando como problemáticas complejas de abordar no sólo por el poder político sino también por la sociedad. Una sociedad que absorbe modelos económicos, convenios internacionales, acuerdos entre países limítrofes sin exigir o, al menos, cuestionar el por qué de las cosas. En lo que a las drogas se refiere es necesario tener presente que nuestro país dejó de ser un país de tránsito para transformarse en un mercado consumidor y que además, por razones diplomáticas, adoptó leyes que ni siquiera se ajustan a la situación social, política y económica actual. A través de un rápido rastreo de algunos antecedentes sobre el tema se observa que la política en materia de drogas es un efecto de la relación mantenida con los Estados Unidos. Según cuenta el periodista Gabriel Pasquini: "la Argentina prohibió una lista de drogas a principios del siglo XX porque Washington impulsaba la prohibición por sus propias razones políticas, económicas y sanitarias. A tal punto que en 1966 el general Juan Carlos Onganía despenalizó su consumo, porque para el liberal Sebastián Soler, su asesor jurídico, se trataba de una cuestión de índole privada. En los años setenta, cuando el gobierno de Richard Nixon lanzó la primera 'guerra contra las drogas', estas anomalías se acabaron. El ministro de Bienestar Social José López Rega firmó en 1974 un convenio con los Estados Unidos e hizo aprobar cuatro meses después la ley 20.771, que penaba el consumo con la cárcel, como parte de un paquete de leyes de seguridad interna. Rigió durante 15 años. En 1986, cuando la Corte Suprema de Justicia decidió que esa ley era inconstitucional, el gobierno de Raúl Alfonsín aún pensaba que la cuestión de las drogas era básicamente un tema de política exterior."[1][1] En 1988 el presidente norteamericano Ronald Reagan decide castigar severamente la tenencia para uso personal, la Argentina firma el llamado Convenio de Viena por el que adopta el modelo represivo norteamericano. Dicho modelo parte del siguiente presupuesto: el delito del narcotráfico carece de denunciante. El consumindor es una especie de aliado con su proveedor, juntos forman un circuito cerrado al que el Estado no accede... a menos que se transforme en comprador o vendedor de drogas. A partir de aquí, se dan una serie de figuras que legalizan la incursión del Estado en la esfera privada. Y continuando con los lineamientos establecidos, en 1989 se dicta la ley 23.737 aprobada por la mayoría radical que concluye penalizando la tenencia de drogas para consumo personal. Frente a este complejo panorama en el que resultaba evidente la falta de cuestionamientos, ya sea por conveniencia o no, por parte de algunos sectores del poder político; se puede decir que el siglo XX se caracterizó por lo que se podría definir como la "guerra contra las drogas" , las mismas representaban "el mal que hay que exterminar". Al respecto Carlos González Zorilla de la Universidad de Barcelona plantea que a partir de la visión distorsionada que la sociedad en general tiene del problema de las drogas (es fácil advertir un tipo de identificación entre los términos "droga", "juventud", "desviación", "delincuencia", "enfermedad") se observa la tendencia hacia el desarrollo de un alto nivel de emotividad que hace que las drogas sean vividas como una amenaza sobre la que hay que actuar pronto y en contra. Esa imagen se formó debido a concepciones estereotipadas e irracionales, cuyo fin estuvo orientado más a conmover que a informar. Tres etapas señala el autor para explicar el origen de ese fenómeno social y cómo se llegó a conformar ese tipo de imagen[2][2]. En la primera etapa (finales de los años '60) el toxicodependinte es el enemigo político. Se halla representado en la figura del joven contestatario social o cultural que hace de su vivencia de las drogas una manifestación más de su rechazo de la cultura y del sistema social imperante, y como un instrumento más de elaboración de un modelo social alternativo. Por esta razón, el consumo de drogas era asociado a cualquier tipo de disidencia política cuyo objetivo apuntaba a destruir el sistema gobernante y la nación. La única respuesta a ese enemigo social era la cárcel. La segunda etapa queda representada por el toxicómano como el joven marginal de los barrios periféricos de las grandes ciudades. Se trata de un joven desocupado, inmerso en condiciones sociales caracterizadas por la desorganización social donde el consumo de drogas y las actividades delictivas forman parte de un contexto normalizado. A este segundo modelo de percepción social, le corresponde un tipo de control doble, aquí se comienza a distinguir entre traficante y consumidor; al primero obviamente se le sigue considerando delincuente y enviándole a la cárcel; al segundo comienza a considerársele no delincuente, sino peligroso social. Como consecuencia, el hospital penitenciario o el sanatorio psiquiátrico son, junto a la prisión, los nuevos instrumentos de control que ya comienza a aparecer como "aislamiento" y "tratamiento". En la tercera etapa la definición de la droga viene asimilada en forma inequívoca con la heroína. A partir de ahora los drogadictos son sujetos pertenecientes a todas las clases sociales, unos portadores de la enfermedad y otros infectados por la misma. Por lo tanto, el toxicómano es el delincuente que roba para atender sus necesidades de droga. De esta manera la toxicodependencia comienza a asimilarse a la enfermedad. Hay una preocupación a nivel social por intentar curar a los toxicómanos, surgen numerosas iniciativas legislativas que comienzan a plantear la necesidad de buscar alternativas a la prisión como modelo de respuesta a este fenómeno. La "comunidad terapeútica" se convierte en el modelo de respuesta que goza de mayor prestigio en base a su pretendida eficacia. En este complejo proceso en el que las etapas sucesivas no anulan las anteriores sino que se superponen a ellas, han provocado un tipo de percepción social basada en preconceptos, en estereotipos que disfrazan el fenómeno y lo tiñen de connotaciones morales que en definitiva sirven para crear, reforzar, perpetuar y amplificar la desviación[3][3]. Lecturas posibles ¿de un nuevo discurso? Al efectuar un relevamiento de sucesivas informaciones que fueron apareciendo en distintos medios escritos, se puede afirmar que: · se comienza a plantear la necesidad de que la cuestión drogas no sólo sea un tema de política exterior sino también de seguridad interior. "Las instrucciones del presidente Fernando de la Rúa a las Fuerzas Armadas para que intervinieran con un papel central en la lucha contra el narcotráfico con tareas de 'inteligencia exterior' desnudó la existencia de un debate dentro del gobierno que todavía no salió a la superficie: el alcance del papel militar en las políticas de seguridad"; "en la decisión del presidente de instruir a las Fuerzas Armadas para ejecutar tareas de inteligencia sobre el narcotráfico pesó de manera más que relevante la opinión de los Estados Unidos"- diario: La Nación[4][4]La Nación[4][4]. · se instala en la agenda del gobierno la posibilidad de revisar la ley 23.737. Esta cita fue extraída de la reunión que el presidente de la Nación tuvo en Olivos con 60 camaristas, el ministro de Justicia Ricardo Gil Lavedra y el jefe de la SIDE Fernando de Santibañes: "Mientras los Estados Unidos insisten en aconsejar ciertas pautas de acción, el gobierno argentino hace hincapié en la necesidad de agilizar el intercambio de información. La prueba de que la droga logra escaparse del sistema represeivo penal es que "el 92 por ciento de las causas por drogas que se tramitan en la Capital Federal se refieren a procedimientos en los que se secuestraron menos de 10 gramos de cocaína" dijo el ministro de Justicia Y Derechos Humanos, Ricardo Gil Lavedra"-diario La Nación[5][5]; "La reacción de los jueces fue unánime La Nación[5][5]; "La reacción de los jueces fue unánime. Tanto los del interior como los de Capital y el Gran Buenos Aires, coincidieron en que el consumo de drogas debe ser penado de otro modo o debe dejar de ser castigado, colocando al consumidor en el lugar del 'enfermo' y no del delincuente"- diario ClarínClarín[6][6].· se continúa sosteniendo que la Argentina es un país de tránsito. Así lo aseguró el secretario de Programación para la Prevención de la Drogadicción y Lucha Contra el Narcotráfico Lorenzo Cortese quien en relación al viaje del presidente a Estados Unidos dijo: "la preocupación de los norteamericanos con relación a la droga en la Argentina está derivada de los casos de tránsito de heroína, realizados a través de nuestro país, hacia los Estados Unidos"; "La generalización del fenómeno del narcotráfico como un compromiso para las democracias de América Latina magnifica un problema que no existe en la Argentina"- diario La Nación[7][7]La Nación[7][7]. § las declaraciones anteriores se contraponen a lo dicho por Abel Reynoso- argentino ex agente especial de la Drug Enforcement Administration (DEA)- quien asegura que: "La Argentina es un refugio ideal para los narcotraficantes porque es un país ignorado por las agencias internacionales de lucha contra el narcotráfico: porque son pocas las personas que manejan el negocio en este país y son pocas las coimas que hay pagar en relación con otros países"; "La Argentina tiene grandes rutas para transportar todo lo que quiere. Entonces el gobierno dice que somos un país de tránsito. El tránsito es la parte más vulnerable del negocio del narcotraficante y por lo tanto, muy bien pago"- diario La Nación[8][8]La Nación[8][8]. Luego de este breve relevamiento de información, se observa que si bien hay un interés por parte de las autoridades del gobierno en plantear algunas modificaciones en lo que a la tenencia de drogas para consumo se refiere- léase comenzar a revisar algunos artículos de la ley 23.737- también se plantea una preocupación aún mayor en lo que respecta al narcotráfico- esto es que las Fuerzas Armadas se hagan cargo de la seguridad interior. Queda claro que, por un lado el modelo represivo adoptado hace ya 12 años no está en cuestionamiento ni hay intenciones de modificarlo y, segundo, "el gran enemigo" que hay que exterminar hoy es el narcotráfico. Dentro de este contexto, cabe preguntarse si es posible plantear la despenalización del consumo de drogas en la Argentina. Para Andrés Gil Domínguez, y en relación con el rol del Estado respecto de políticas de legalización sobre la tenencia para consumo personal, considera que las mismas deberían estar orientadas hacia el desarrollo de políticas sociales que fomenten la prevención y no la represión por parte del Estado aunque considera que no hay una preocupación seria y determinante por fomentar este tipo de políticas porque esta cuestión se vincula con la decisión de haber adoptado, según el convenio de Viena, el modelo norteamericano de represión contra la tenencia de drogas. Esto genera que "gran parte de los países de Latinoamérica y del continente europeo adscriban a la política de 'tolerancia cero', lo que implica instaurar normativamente una política de control total del ciclo de la droga"(Martín E. Vázquez Acuña, 1999)[9][9]. Una política represiva por parte del Estado es sumamente ineficaz porque a lo único que conduce es a realimentar el tabú de atracción por lo prohibido. Como diría Foucault se reprime aquello que no se puede o no se sabe como controlar. Algunos interrogantes De las declaraciones realizadas en los medios de comunicación surgen una serie de interrogantes: ¿Se estará magnificando un problema que no existe? o ¿se pretende ocultar la realidad de un problema que aún no se sabe como controlar?. ¿El gobierno plantea soluciones o continúa en la línea de "hacer más de lo mismo"?. Perecería ser que algunos temas se instalan en la sociedad cuando "un otro"- léase Estados Unidos- así lo desea. Cuando esto sucede se dejan de lado muchas cosas, entre ellas las problemáticas fundamentales de un país como la Argentina que no forma parte del primer mundo y, de hecho está muy lejos de serlo. De repente, nos encontramos inundados de mensajes que nos confunden y no nos dejan ver nuestra realidad, una realidad que nos indica que hay miles de personas que prefieren morir antes de acudir a un servicio de salud porque existe una ley que penaliza la tenencia de estupefacientes para consumo personal. De esta manera, lo último que protege la ley es la salud pública ya que al penar la tenencia termina expulsando del sistema sanitario a todos los usuarios de drogas quienes quedan por fuera de la ley, marginados de su relación con cualquiera de las instituciones públicas, entre ellas, el sistema sanitario. Sería oportuno revisar nuestras contradicciones y comenzar a buscar soluciones que nos ayuden a progresar como país y como ciudadanos concientes de nuestras acciones.
[1] Diario La Nación (7/10/99) sección Política: "Los grandes temas de la Argentina: Drogas", págs. 11- 12. [2] Es necesario hacer la salvedad de que las etapas mencionadas no sólo se dieron en España sino también en el resto de los países europeos. [3] González Zorilla Carlos en Poder y Control n°2 "Drogas y Control Social", Barcelona (1987) pág. 49. [4] Diario La Nación sección: Política "Discuten el alcance del papel militar", 4-05-00 [5] Diario La Nación sección Política:"Piden más control del narcotráfico". 23 de mayo del 2000 [6] Diario Clarín sección Política "Drogas: De la Rúa pidió más firmeza a los jueces", 23 de mayo del 2000 [7] Diario La Nación sección Información General: "La Argentina un país permeable al narcotráfico", 4 de junio del 2000. [8] Diario La Nación sección Información General: "La Argentina un país permeable al narcotráfico", 4 de junio de 2000. [9] Vázquez Acuña, Martín "Uso de drogas, ley penal y los Derechos Humanos" en Las drogas en el siglo... ¿que viene?, Ed. Universitaria De La Plata, 1999, pág. 234. Comp. Juan E. Dobon y Gustavo Hurtado
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Última modificación: Miércoles, 31 de Diciembre de 2003 |