Experiencias prácticas relativas a los derechos y reivindicaciones territoriales indígenas en Argentina

Morita Carrasco ♣♣

Quiero compartir con ustedes, la investigación sobre la experiencia de lucha encarada por la Asociación de Comunidades Aborígenes Lhaka Honhat en la convicción de que partiendo de una situación concreta podamos responder a la inquietante propuesta de este panel: Retos contemporáneos de los derechos indígenas en América Latina.
Morita Carrasco

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Antecedentes y breve contexto político

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Defensa del territorio

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Balance final

 

Antecedentes y breve contexto político

 

Contrariando el imaginario colectivo acerca de la supuesta pasividad de los wichí, en 1984 un grupo de caciques se autoconvocó para rechazar un plan de entrega de títulos de propiedad a los habitantes -indígenas y criollos- del lote fiscal 55 en la Provincia de Salta. El argumento principal era que no debía parcelarse la tierra pues ello perjudicaría sus formas tradicionales de uso de los recursos naturales.

Un breve documento de no más de una página[1] fue la piedra de toque que desencadenó un proceso de organización política y construcción de una nueva autoimagen, sintetizada en un concepto novedoso para ellos: territorio.

En el documento expresaban su petición de una superficie total sin divisiones internas para toda la población indígena residente en ese lote. Lo que se tradujo en los años  posteriores en "territorio único" para las 35 comunidades.
Hoy, luego de vericuetos políticos y judiciales el reclamo se sigue tramitando con la intervención de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

¿Qué hizo posible y simultáneamente qué impidió que este reclamo se concretara satisfactoriamente? ¿Qué cosas pasaron entre 1984 y 1999 y cuáles han sido sus efectos? ¿Qué cosas fueron articulando sus dirigentes? Y, ¿en defensa de qué se creó una organización política: tierra, recursos, bienes, poder? Sin duda todo eso y mucho más.

Porque tras lo aparentemente inmediato buscaban un lugar donde poder seguir viviendo como siempre lo han hecho pero desde un espacio de afirmación política que los coloca en una posición diferente a la de indígena sometido.

Uno de sus logros ha sido darse cuenta que tienen un proyecto político viable: decidir ellos mismos qué sociedad quieren construir.

Uno de los mayores desafíos que debieron enfrentar fue el de crear una única organización que contenga no sólo la diversidad étnica sino principalmente la multiplicidad de autonomías locales.

El lote fiscal 55 está ubicado en la zona conocida como chaco salteño. Cubre una superficie de 233.000has desde la margen derecha del río Pilcomayo, que en forma de rectángulo se extiende hacia el sudeste en el límite con la provincia de Formosa. Se trata de una zona devastada por efectos de la presencia de ganado vacuno que pastorea a cielo abierto, en grandes extensiones de terreno, sin clausura alguna. Este ganado fue introducido a principios de siglo por contingentes de ganaderos no indígenas que venían de zonas sureñas donde ya se habían terminado los pastizales.  Al comienzo, indígenas y criollos convivieron en forma más o menos amistosa con intercambio de algunos bienes, hasta que la erosión del suelo fue limitando recursos claves como el agua, los frutos silvestres y los animales de caza.

De aquí en más el paisaje cambió y la convivencia se volvió competencia por los recursos, enfrentamiento, amenazas, violaciones y miseria para unos y otros. Esta situación dramática ha alcanzado niveles alarmantes. Recientes fotos satelitales[2] muestran que entre 1984 y 1996 se ha perdido un 20% de los montes altos y se ha ampliado el área de monte bajo.

En tal paisaje socioambiental no es extraño que una enfermedad infectocontagiosa como el cólera se instalar a partir de 1992 exhibiendo brutalmente la situación de indefensión en que se encuentran los habitantes de zonas degradadas.

 

Defensa del territorio

En el lote fiscal 55 habitan actualmente unos 6000 indígenas de los pueblos wichí, yjowaja, nivacklé, kom-lek y tapy'y. En el transcurso de los últimos 100 años estos pueblos vivieron intensos procesos de cambio. Por relatos de los mayores sabemos que vivían en "tolderías" agrupados por familias emparentadas sin contacto entre ellos. Se conocían sí pero no mantenían relaciones. Inclusive cuando llegaron los primeros ganaderos, alrededor de 1902 estos pactaron con cada autoridad en forma individual. Entre l932 y l935 el aislamiento se quebró violentamente por la Guerra entre Bolivia y Paraguay[3], provocando desplazamientos y relocalizaciones. Pero fue "el evangelio" lo que los juntó. La instalación de los primeros misioneros se remonta a los años 40 y 50[4].

"antes vivíamos todos desparramados y no sabíamos, no conocíamos a los vecinos, sabíamos sí que eran chorotes pero no sabemos hablar con ellos" (Cornelio Segundo, cacique de Misión La Curvita)

Además de la labor pastoral los misioneros se ocuparon de los enfermos y del mejoramiento de algunas de las condiciones de vida de los indígenas, según su criterio, lo que motivó agrupamientos y sedentarización con el doble efecto de, por una parte, permitir que los asentamientos criollos pudieron extenderse al quedar vastas zonas liberadas de los campamentos indígenas, y por la otra crear una mutua dependencia entre las iglesias y los indígenas que aún se mantiene.

Quedó configurado así un patrón de asentamiento de  "comunidades" indígenas, puestos ganaderos  de familias criollas y misiones religiosas.

En este contexto la década del 80 representó un florecer de nuevas iniciativas y producciones políticas indígenas. Los líderes que rechazaron el proyecto  oficial de entrega de tierras se las ingeniaron para conseguir los apoyos necesarios que les permitieran seguir con sus intensiones. No era muy claro al comienzo qué podría significar una superficie continua pero estaban convencidos sin embargo que la estructura una parcela - una comunidad les traería problemas entre ellos. Conocían ya por su relación con los vecinos que cuando se tiene título no se permite el acceso al terreno y sabían que eso reduciría las posibilidades de búsqueda y apropiación de los recursos necesarios para alimentarse. Pero había algo más. En su concepción, la tierra debía ser una superficie "sin límites" fijos para poder moverse libremente. Esto no es una mera estrategia adaptativa sino una condición indispensable para  un estilo de vida que privilegia la autonomía de movimiento personal y la toma de decisiones individual. Un desafío que deberán afrontar en los próximos años, pero me referiré a esto más adelante. Tampoco implicaba una decisión ecológica en términos de conservación ambiental. En suma no se trataba de un proyecto económico para asegurar un medio de producción sino un recurso para asegurar una manera de ser. Voy a referirme a esto más adelante.

Quizás haga falta decir ahora que en la provincia de Salta hay distintos tipos de tenencia de la tierra. Tierras en propiedad privada, tierras reservadas, tierras fiscales con ocupaciones de hecho.  Las tierras fiscales abarcan una porción bastante elevada de la superficie total de la provincia. En el lote fiscal 55 tanto los criollos como los indígenas carecen de títulos de propiedad[5] encontrándose por lo tanto en una ambigua pero peligrosa situación de irregularidad jurídica y por ende de indefensión frente a la codicia de los capitales agroforestales y petroleros y a las necesidades de dinero de los gobiernos.

Con apoyo económico de una organización internacional de defensa de los derechos de los pueblos indígenas las comunidades se fueron organizando y llevaron a cabo su primera experiencia en gestión política al autodemarcar el territorio que usaban "tradicionalmente". Los resultados de esta experiencia tanto desde el punto de vista de la objetivación del conocimiento histórico que tienen sobre el ambiente que habitan como desde el punto de vista del aprendizaje de formas de organización de un trabajo colectivo fueron muy positivos. A través de una asesoría antropológica se trazó un mapa que refleja las áreas de recorrido de los cazadores, los lugares donde se encuentran los recursos de que viven.

Los testimonios fotográficos muestran las áreas que recorren habitualmente los hombres y las mujeres de las diferentes comunidades. Como se puede apreciar existe solapamiento entre unas y otras, de donde se deduce que ninguna comunidad posee territorios, zonas, parcelas ó áreas de uso exclusivo haciendo visible el concepto antropológico de "acceso directo y recíproco a los recursos". Si bien, como vimos, antiguamente no existía contacto entre las diferentes tolderías por lo que podríamos llegar a suponer que tendrían alguna idea de posesión colectiva en tanto grupo local.  Porque la presencia de los recursos  y su variablilidad se hallaban repartidos por zonas más amplias que las actuales permitiendo que unos y otros se movieran con soltura por ellas sin toparse con los vecinos.

El trabajo se desarrolló por comunidad y con la guía de los mayores o más conocedores. Cada lugar tiene su nombre en idioma indígena y remite a acontecimientos históricos y  no meramente ecológicos. En él se plasman los hitos de una historia dinámica y cambiante. Si algo prueba el mapa es que las transformaciones ecológicas han ido de la mano con transformaciones socioculturales de enorme trascendencia para sus sociedades. Por eso esta experiencia de gestión territorial política y cultural tiene también un valor testimonial para la reflexividad indígena y representa una encrucijada de opciones para el futuro.

Es evidente que al principio el mapa servía sólo para demostrar la superficie de la tierra reclamada y por qué se oponían a la subdivisión interna. Pero paulatinamente se convirtió en expresión de una autoimagen nacida del enfrentamiento con un estilo de vida absolutamente distinto que provocó daños irreversibles a la tierra y sus recursos. La confiabilidad  en las decisiones económicas y la libertad personal para desarrollarlas se habían terminado frente a un "otro invasor" .  Pero la experiencia de autodemarcación armó una sentido de defensa colectiva antes inexistente. Y esa autorepresentación fragmentada en "la toldería de"  gradualmente vino a expresarse en la reivindicación de un territorio único para todas las comunidades, "nuestra tierra" .

Este fue el comienzo de la organización Lhaka Honhat. Se formó como asociación civil en 1991 con miras a recibir del estado provincial el título de la tierra en la manera como se había solicitado.  Cuatro gobiernos se han sucedido desde entonces y el compromiso estatal sigue incumplido lo que viene a probar la ineficacia de la protección legal cuando no existe voluntad política. Para mencionar tan sólo las leyes provinciales 6373, 6469,6570, nacional 23302,  los derechos constitucionales nacional y provincial además del decreto provincial 2609.

En 1995 contrariando la voluntad expresada de hacer entrega de la tierra a los pobladores indígenas y criollos el estado provincial emprende la construcción de un puente internacional entre Misión La Paz-Pozo Hondo (Paraguay) como primer paso para el establecimiento de una extensa zona  de desarrollo regional que siguiendo con el trazado de rutas interprovinciales culminará en un corredor bioceánico entre el Atlántico y el Pacífico. Estos planes se llevaron a la práctica sin que medien estudios de impacto socioambiental por lo cual la Asociación Lhaka Honhat presentó un recurso de amparo en defensa de sus derechos territoriales,  como medida preventiva para frenar el daño que las obras producirán a la biodiversidad y realizó una protesta pacífica ocupando el puente durante 23 días en el mes de septiembre de 1996. Este recurso fue rechazado en todas las instancias judiciales internas  por lo que se denunció al estado argentino ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Hasta el momento el procedimiento ha ido muy rápido y se espera que durante este año el estado debe dar una respuesta a la Comisión y a la denunciante.

En el proceso de lucha por sus derechos Lhaka Honhat se ha dado cuenta de la capacidad que tiene para movilizar apoyos políticos nacionales e internacionales y eso refuerza su autoimagen.

La organización se plantea como objetivos la obtención del título de propiedad y la recuperación del medio ambiente. Es claro que, pese a las opiniones en contrario de agencias ecologistas, no existe en los indígenas del Pilcomayo preocupación por el medio ambiente. Ellos tienen necesidades concretas que se vinculan con la tierra y los recursos que exceden esas preocupaciones. (Necesitan alimentarse y  quieren desplazarse libremente por la tierra que habitan para poder levantar sus casas donde mejor les convenga, para evitar conflictos o simplemente para poder relacionarse con otros grupos de familias y asociarse para conseguir metas comunes. )

Actualmente combinan la caza, la recolección, la pesca y el cultivo estacional. Pero su economía está también monetarizada. Obtienen dinero de la venta de artesanía, de la venta del pescado, haciendo changas en el pueblo o como cosecheros de porotos en las fincas vecinas pero precisan manejar racionalmente los recursos naturales porque saben que en última instancia el reaseguro de vida para ellos está en el monte y el río. Como prueba piloto han encarado, con asesoramiento técnico, un proyecto de recuperación de los recursos naturales que consiste en el cerramiento de 100 has. de tierra para evitar el ingreso del ganado vacuno. Esta experiencia es muy reciente y se deben esperar al menos siete años para apreciar los resultados. Sin embargo ha despertado poco interés por parte de los miembros de la Lhaka Honhat y podría ser explicado como uno de los efectos devastadores provocado por las políticas asistencialistas tanto oficiales como privadas. Por lo que las alternativas o soluciones que se propongan representan un enorme reto hacia el futuro. Mejorar las condiciones de vida, elegir alternativas complementarias a las prácticas tradicionales, experimentar nuevas tecnologías de manejo de los recursos y ensayar otras formas económicas más o menos sostenibles.

Procurar la autosubsistencia económica para fortalecer la organización política parece ser hoy el principal desafío. Ante todo porque deberán producir cambios substanciales en sus sociedades para pasar de la gestión de "lo individual" a la gestión de "lo colectivo": el territorio único. Por lo tanto deberán crear nuevas formas de relacionamiento entre comunidades y nuevos perfiles en los liderazgos que les permitan la convivencia entre autonomías locales y conducción centralizada de los proyectos políticos compartidos. Deberán hacer frente también a muchos años de dependencia y desarrollar estrategias propias de autogestión política. En función de ello tendrán que neutralizar los efectos desetructuradores de las soluciones cortoplacistas promovidas insistentemente por las agencias oficiales de "protección y apoyo" a los indígenas. Y no menos importante, deberán confrontar activamente las alternativas de desarrollo propuestas por las agencias internacionales de apoyo económico sustentadas en  la visión que nuestra sociedad tiene con respecto a ellos y a su futuro.

El trayecto recorrido permite entender que el proceso de territorialización de una sociedad cazadora recolectora remite a una construcción política cuya meta no es solamente asegurar un medio de subsistencia sino lograr un espacio seguro donde poder seguir reproduciendo una identidad cultural dinámica y cambiante.  No se cierran a los conocimientos y servicios que vienen de "afuera" pero exigen que se reconozca la propiedad de su territorio, se deje afuera el ganado criollo y se construyan luego rutas y puentes. La experiencia de lucha de los pueblos del Pilcomayo prueba que el territorio único es una producción política de límites étnicos necesariamente abiertos y no un encapsulamiento definitivo que saben sería un suicidio.

Balance final

¿Cuáles han sido las respuestas de los poderes del estado?

Si se precisaba de una reforma jurídica que contenga la propiedad comunitaria, esa reforma se logró en 1994 en su rango más alto en el ámbito nacional con la incorporación de los derechos indígenas a la constitución reformada. Aunque ya existían normas en el ámbito nacional y provincial que regulaban la propiedad comunitaria en comunidades indígenas. Las leyes indigenistas 23302 y 6373 y la ley 6469 de regularización de la situación jurídica en el lote fiscal 55.

Como vimos, la respuesta judicial siguió los criterios racistas  y discriminatorios a los que están acostumbrados los pueblos indígenas. La justicia estatal consideró, por un lado,  que no se podía determinar que las obras del puente y las rutas provocaran algún daño y por el otro, que no se podía pretender frenar las obras por la supuesta existencia de daño potencial.

Paradógicamente hace muy poco el Director Nacional de Gendarmería reconoció que " estas obras son un desafío para Gendarmería porque sabemos que cuando aumenta la actividad en zonas de frontera aumentan los ilícitos".

No es menos decepcionante la respuesta del Ejecutivo. Si evaluamos puntualmente el proceso de reforma constitucional provincial de 1998 notamos que, motivado por el conflicto entre demandas indígenas y proyectos de gobierno, el propio gobernador salteño incidió para que se incluya en el artículo 15 "Pueblos Indígenas" una cláusula que limita los derechos consagrados de propiedad comunitaria a las tierras fiscales y a la existencia de un acuerdo entre indígenas y criollos, siempre que no se afecten los derechos de terceros, todo reglado por el estado.

Nuevamente aquí han prevalecido criterios discriminatorios y racistas fundados en una imagen decimonónica de indígena silvícola versus modernización reformulada ahora como desarrollo y globalización. En la opinión del ejecutivo los indígenas no pueden seguir viviendo como quieren y tendrán que aprender a vivir de otro modo.  Es decir, deberán someterse a un nuevo proceso de cambio cultural forzado.

A estas "soluciones geniales" la respuesta indígena ha sido permanecer firmes en su reclamo de autonomía y libre determinación.

Lo interesante de la experiencia de lucha es que los indígenas han construido un nuevo actor político con capacidad y recursos propios para exigir el respeto de sus derechos.

El desafío hoy es enfrentarse desde una identidad colectiva con los efectos desestructurantes de los proyectos y programas asistenciales que quiebran la unidad organizativa con nuevos perfiles de líderes al exigirles que den resultados y organicen a la base según los objetivos planteados en ellos.

 

Como dice el coordinador de la asociación:

"Se escucha de la Comisión europea y de otras organizaciones que dan plata, hablando de proyectos grandes con montos grandes y nosotros muertos de hambre. Escuchamos que se va a financiar un proyecto grande....viene del Banco Mundial, del BID, viene de Holanda, de la Comisión Europea con tantísima plata. Y nosotros muriendo de hambre.... Nosotros no entendemos nada de las organizaciones. Y por esta razón nosotros queremos elaborar los proyectos que salen de la iniciativa de nosotros para poder manejarlo, para poder entenderlo. Si es un proyecto que se hace desde Europa nosotros no lo entendemos....porque si seguimos así, no vamos a entender nunca, sino que va a ser cada vez peor.

Se habla mucho del Mercosur. No tengo idea de lo que es el Mercosur. Tenemos idea de lo que está pasando en nuestras comunidades pero de lo que es el Mercosur no tengo ni idea. Qué pensaría mi gente hablando del Mercosur. Si yo que estoy leyendo los periódicos, escuchando la radio, el  técnico ablando del Mercosur, señalando las cifras, si ni yo entiendo lo que es el Mercosur .... Cómo sería para mi gente? No van a entender nada.

NOTAS

Los resultados de esta investigación fueron presentados en el Seminario Internacional “Los pueblos indígenas en el siglo XXI, intercuturalidad, derecho, justicia y desarrollo” Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano

♣♣ Depto de Antropología de la Facultad de Filosofía y Letras- UBA

[1] Pensamiento indígena y declaración conjunta 24-6-84.

[2] El estudio fue desarrollado in situ durante 1998 por el Sr. James V. Suero de la Universidad de Clark en Worcester, Massachussetts, USA:

[3] Ambos países reclamaban la titularidad de una amplia zona del Gran Chaco por la presunta existencia de petróleo. El interés de la Standard Oil Company con concesiones en el sur de Bolivia estimuló el conflicto. En 1906 Bolivia fue introduciéndose en territorio paraguayo. Lo propio hizo Paraguay quien en la década del 20 fomentó el asentamiento de menonitas canadienses a fin de reforzar sus pretensiones. En 1932 finalmente estalló la guerra entre ambos países culminando en 1935 con un saldo de 80.000 muertes en total. Paraguay se quedó con el 75% de la región y Bolivia con el resto.

[4] Primero fueron los ingleses que portaron el evangelio anglicano, y alrededor de los años 50 a 52 y más al norte del territorio en las proximidades con Bolivia un misionero de Noruega, de la Iglesia Asamblea de Dios fue portador de "la palabra de Cristo".

[5] Ha salido a la luz la existencia de un título otorgado a un particular durante 1996 cuando estaba en vigencia el decreto2609/91 que prohibe la realización de modificaciones en el lote 55.

 

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Última modificación: Sábado, 11 de Junio de 2005