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1.1.-
La ecología.
1.2.-
Qué es la diversidad biológica.
1.3.-
Importancia económica de la diversidad biológica.
El
concepto de Ecología varía según los distintos autores. Para Eugene Odum, es
el estudio de las relaciones de los organismos o grupos de organismos con su
medio, y también se la define como el estudio de la estructura y función de la
naturaleza[1],
entendiendo al hombre como parte de esta. Para el ecólogo catalán Ramón
Margalef, la Ecología es el estudio de los ecosistemas.
Tal como lo expresa este último
autor, la historia de la ecología se aparta de las otras ciencias porque
mientras que, en general, estas ciencias tienden al análisis, a circunscribir y
luego dividir su campo de trabajo, la Ecología es una ciencia de síntesis, que
combina materiales de distintas disciplinas con puntos de vista propios.
La Ecología como ciencia no escapa a la generalidad, tratando de
construir o "descubrir" invariantes o leyes propias de su objeto de
estudio, vale decir, de los distintos niveles de organización que constituyen
el mismo: las poblaciones, las comunidades bióticas, los ecosistemas y la
biósfera, con dos grandes líneas o direcciones de trabajo, un relacionada con
principios muy generales en relación con la física, especialmente con la
termodinámica, la teoría de la información y las matemáticas, o sea lo que
hoy se entiende por "teoría ecológica", y otra que estudia en forma
más pragmática o práctica la relación del hombre con su ambiente, incluyendo
cada vez más factores sociológicos, económicos y culturales en su como
elementos de análisis, tales como la desigual distribución de la riqueza, las
formas de esa distribución, la pobreza, el modo de uso de los recursos
naturales y su relación con la economía, etc, quedando así "a
caballo" entre la vieja división conceptual de las llamadas ciencias sociales y ciencias naturales.
El
nivel de organización donde la Ecología centra su principal atención,
es el de ecosistema . La biosfera, esa "delgada capa" que ocupa lo
primeros kilómetros de la atmósfera, la superficie de los continentes y los océanos
hasta los fondos de sus más profundos abismos, donde se desarrolla y manifiesta
la vida en nuestro planeta en todo su potencial, se ha ido
"construyendo" a lo largo de centenares de millones de años, durante
los cuáles la "cadena de la vida", transmitida a través del código
genético, ha originado su enorme complejidad.
Esta gran complejidad no se ha
estructurado al azar, sino que los individuos se organizan en bloques más o
menos grandes que podemos denominar "ecosistemas".
Formalmente, el término ecosistema
fue propuesto por primera vez por el ecólogo inglés A. G. Tansley en 1935. La
definición científica del mismo varía según los diferentes autores, del
mismo modo que varía la definición de Ecología, que es la ciencia que los
estudia. Para Ramón Margalef, se trata de sistemas formados por individuos de
muchas especies, en seno de ambientes de característica definibles, e
implicados en un proceso dinámico e incesante de interacción, ajuste y
regulación, expresable bien como intercambio de materia y energía, bien como
una consecuencia de nacimientos y de muertes, y uno de cuyos resultados es la
evolución a nivel de las especies y la sucesión en el sistema entero[2].
Un sistema de este tipo, es decir formado por organismos vivos, un retazo
cualquiera de la biosfera, es un ecosistema. La palabra ecosistema no se usa en
el sentido de unidad concreta, sino de nivel de organización.
Por "biodiversidad" o "diversidad biológica" se
entiende la variabilidad de la vida en todas sus formas, niveles y
combinaciones. No es la simple suma de todas los ecosistemas, especies y
material genético. Por el contrario, representa la variabilidad
dentro y entre ellos. Es, por lo tanto, un atributo de la vida, a
diferencia de los "recursos biológicos", que son los componentes bióticos
tangibles de los ecosistemas.
La "diversidad biológica"
se describe convenientemente, pero no exclusivamente, en términos de tres
niveles conceptuales:
-
Diversidad de ecosistemas: la variedad y frecuencia de los
diferentes ecosistemas.
-
Diversidad de especies: la frecuencia y diversidad de las diferentes especies.
-
Diversidad genética: la frecuencia y diversidad de los diferentes genes y/o
genomas. En la definición de la diversidad biológica, la diversidad genética
está incluida en la frase "diversidad dentro de cada especie. Incluye las
variaciones tanto dentro de una población como entre poblaciones.
Este
concepto amplio de biodiversidad o diversidad biológica es el que se encuentra
en el Convenio sobre la Diversidad Biológica, por lo que no sólo es relevante
desde el punto de vista científico, sino jurídico, ya que deberá ser tenido
en cuenta en la aplicación del Convenio en cada país signatario y en el
Derecho Internacional.
Dice Otto Solbrig[3]:
"Diversidad de acuerdo al Diccionario de la Real Academia Española es
equivalente a variedad, desemejanza, diferencia. En otras palabras, cuando un
ente es diverso significa que está compuesto de unidades diferentes.
Biodiversidad es por lo tanto la propiedad de entes vivientes de estar formados
por unidades diferentes o desemejantes. O sea que cada entidad de la jerarquía
biológica -genes, células, individuos, poblaciones, comunidades y ecosistemas
- está formada por más de una unidad desemejante. Otra definición similar es
que la biodiversidad es la variedad de formas vivientes, los roles ecológicos
que desarrollan y, la diversidad genética que contienen. Diversidad es una
propiedad fundamental de todo sistema biológico. Porque el sistema biológico
es jerárquico, la diversidad se manifiesta en cada nivel de la jerarquía biológica,
desde moléculas hasta ecosistemas.
Para
casi cualquier biólogo, ecólogo, especialista en recursos naturales, o
ampliamente, naturalista, preguntarse por la importancia de la diversidad biológica
es casi una pregunta de perogrullo, tanto que quizás el agregado del término
"económico" desvirtúe la pregunta, o al menos la acote o resigne. La
actual conformación de nuestro planeta, en la mayor parte de su superficie, es
fruto de algunos miles de millones de años de coevolución de nuestro entorno físico
con todas las formas de vida. Desde la propia atmósfera, cuya composición
cambió radicalmente con la presencia organismos capaces de realizar la fotosíntesis
y de "inyectar" como parte de ese proceso oxígeno molecular a la atmósfera,
hasta la presencia del "suelo", esa capa que va desde algunos centímetros
a varios metros, que es mucho más que una estructura estéril, sino que se
conforma con la interacción de múltiples formas de vida y su medio inerte,
permitiendo así surgir el sustrato que dará nutrición a las plantas
terrestres, hasta los diversos "biomas" o grandes unidades paisajísticas
como los bosques, llanuras herbáceas y arrecifes de coral, han dependido para
llegar a su actual estado y estructura, de la presencia de múltiples formas de
vida a lo largo de todo ese tiempo.
El ser humano, es parte y resultado
de esa compleja red, y como tal, depende de su permanencia como sostén de su
propia existencia, y también, aún no estando en juego ésta, para una mejor, o
peor, en su caso, de provocar su degradación, calidad de vida.
Es difícil percatarse, desde el
punto de vista aún "meramente" cualitativo, de la importancia de la
diversidad biológica, biodiversidad
o de la vida por usar un término más comprensivo, en nuestras vidas.
Casi obviamente, nuestros alimentos,
y no tan obviamente, nuestras vestimentas, y aún menos obviamente, muchos de
las medicinas que nos curan tienes su origen en esa biodiversidad (en algunos
casos podríamos decir "son" esa biodiversidad).
Desde los propios comienzos de sus
orígenes como especie, y aún luego del surgimiento de la cultura, el hombre
dependió de su entorno para su supervivencia.
Primero como cazador recolector, en
forma inevitable debió tener, tal como se observa en las llamadas
"culturas primitivas" existentes aún hoy día, tales como los
bosquimanos de Sudáfrica, los nativos australianos y algunas tribus amazónicas,
que en parte conservan su cultura y medios de vida ancestrales, un maravilloso
conocimiento de las plantas y animales que les rodeaban, como cazarlos o
recolectarlos, el utilizar cada una de sus partes, sobre sus ciclos de vida,
comportamiento, etc.
Más adelante, hace aproximadamente
unos 10.000 años, en el comienzo del período neolítico, comenzó a domesticar
algunas especies vegetales y animales, y lo largo de miles de años de un
proceso de selección artificial, se fueron conformando las primeras especies
domésticas, tanto vegetales como animales, en diversas zonas del mundo, desde
donde el propio ser humanos, en sus migraciones, las fue llevando hacia otras
regiones, a veces muy alejadas.
Así, entre las especies domésticas más conocidas, en medio oriente se
originaron el trigo, la cebada, el centeno, la oveja, las cabras, etc; en
extremo oriente el arroz, en América del Sur la papa, el tomate y los
pimientos, en América Central el maíz y el cacao, etc.
Pensemos en la importancia que han cobrado estas especies hoy día a
escala mundial para la alimentación de toda la humanidad, y que hasta hace
pocos centenares de años eran desconocidas en gran parte del mundo fuera de
lugar de origen donde se las cultivaba, y nos daremos cuenta de la importancia
de la diversidad, en este tanto genética como específica. Así, la papa, el
tomate y maíz, recién se conocieron en Europa y el resto del mundo luego
de los primeros viajes de Colón, por poner una fecha redonda, luego del 1.500.
Justamente hacia esa fecha,
asistimos a una gran expansión de la civilización europea, gracias a una serie
de técnicas que la coadyuvaron, tanto al nivel de la navegación como de la
metalurgia, etc. Fueron los "siglos de los descubrimientos", cuando la
civilización europea alcanzó América, circunnavegó África, y llegó hasta
Asia, Australia y las islas del Pacífico Sur.
Innumerables y desconocidas formas de vida de estos continentes fueron
llevadas hasta Europa, cuna de nuestra actual civilización occidental, algunas
como meras curiosidades científicas, o para deleite del "gran
público"; otras, más o menos rápido, alcanzaron pronto una gran
importancia, sea como cultivadas o criadas en Europa, como sucedió prontamente
con la papa y el maíz, o exportadas desde sus sitios de origen, como muchas
especias, frutos tropicales y pieles preciosas.
Asistimos, con la colonización europea de América, Africa, parte de
Asia y Australia (la propia Europa, y el este de Asia tenían complejas
civilizaciones ya desde muy antaño, que perduraron a lo largo del tiempo,
dándoles una particular fisonomía cultural, paisajística y ecosistémica, ya
que estas civilizaciones interactuaron con la naturaleza durante miles de años,
produciendo cambios profundos, pero más en forma más vale progresiva y
pausada) a una rápida degradación y transformación de los paisajes
originales. Por ejemplo, Estados Unidos de Norteamérica, perdió el 90% de su
masa boscosa en menos de trescientos años.
Así, asistimos a un fenómeno, que reconoció dos tendencias, por así
expresarlo, antagónicas: por un lado, la civilización europea en expansión,
incorporó una gran cantidad de formas de vida para su aprovechamiento, tanto
alimenticio, como en forma de remedios, y aún ornamentales, como muchas
plantas, o de mascotas, diversas especies de animales, pero en forma
simultánea, en su expansión, degradó y aniquiló grandes unidades
paisajísticas, o ecosistémicas, con sus especies (incluyendo innumerables
culturas).
Recién en el siglo XX, con el
nacimiento de la ecología como ciencia, y el desarrollo de otras, tales como la
genética, la taxonomía, la biología molecular, etc, el hombre
"civilizado" de ese siglo (junto con algunas excepciones en el siglo
anterior), comenzó a tomar noción del tesoro natural que estaba haciendo
desaparecer.
Hoy día, existe una cabal conciencia, al menos desde el punto de vista
científico, del inmenso valor de la diversidad como fuente de una mejor calidad
de vida, por expresar su importancia de un modo omnicomprensivo.
Se asiste, paradójicamente, a nivel
de especies ya domesticadas, a una gran "erosión genética", vale
decir a la pérdida de innumerables variedades, razas, subespecies, etc,
adaptadas a distintos climas y condiciones de existencia, que son reemplazadas
por pocas formas de esa especie consideradas "más productivas",
claro, bajo ciertas y especiales condiciones.
Por otro lado, la diversidad biológica
"silvestre", se ve grandemente reducida día a día, más que por la pérdida
de especies determinadas por su explotación por ser útiles comercialmente
(aunque sí ocurre e importa) o por ser perjudiciales para alguna actividad
humana (las llamadas "plagas"), debido a la pérdida de grandes áreas
de diversos ecosistemas por diferentes motivos (caso de la selva amazónica, por
la deforestación para obtención de madera,
la expansión de la frontera agropecuaria, etc).
A la par de este proceso, en pos de nuevas especies útiles para la
medicina, producción de alimentos, etc., se está llevando a cabo por
múltiples empresas privadas y organismos gubernamentales en todo el mundo, una
tarea de recolección y análisis de la biodiversidad, sobre todo a nivel
específico, llamada "bioprospección", que nos enfrenta a nivel
internacional con complejos mecanismos jurídicos de regulación, control y
aprovechamiento de sus beneficios.
Esta actividad, hoy día, encierra
un inmenso potencial (ya es realidad económica) en cifras enormes.
Su regulación normativa a nivel
internacional y sus repercusiones económicas, sociales y culturales, y algunos
de los conflictos planteados en cuanto a la misma, son el eje de este seminario.
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